viernes, 19 de junio de 2009

Aves de estraza

Salimos hacia la unidad del IPN de Zacatenco y una cuadra antes de la avenida IPN nos metimos a la izquierda por una callecita que nos llevaría a Zacatenco a solo una cuadra de distancia. Al ir por ella vimos que varios carros salían en sentido contrario, de pronto uno de esos conductores nos dijo que nos regresáramos porque había habido un zafarrancho y que estaban registrando los carros. Entonces, le dije a mi amigo, el chofer que se regresara porque bajo su asiento había puesto yo un paquete de propaganda política y que nos iban a torcer a los tres pero él, con su pedantería, siguió adelante y dijo que no habría problema.
Al llegar a la esquina se veía al fondo e las instalaciones escolares del IPN-Zacatenco. Dimos vuelta a la derecha que era la única oportunidad de continuar avanzando; de inmediato aparecieron ante nosotros policías y granaderos que nos detuvieron. El que manejaba bajó la ventanilla, uno de los policías nos dijo que qué andábamos haciendo por ahí, le respondimos que trabajábamos en el Instituto Mexicano del Petróleo (IMP) y que estaba muy cerca. No pidió nuestras identificaciones del IMP, las mostramos, nos las devolvieron. El policía le pidió al conductor las llaves para registrar la cajuela, pero mi amigo se rehusó, argumentando que no le daría las llaves porque su coche era propiedad privada.
El policía le dijo “que propiedad privada ni que la chingada”, abrió la puerta, lo sacó, jaloneándolo, tomó las llaves y fue a abrir la cajuela, desde luego que no encontrarían nada pero mientras tanto un policía empezó a husmear dentro del automóvil, yo rezaba por que no viera el paquete de propaganda, mas al final lo descubrió, lo sacó, lo abrió, lo medio leyó, agarró un bonchesito y lo lanzó al cielo, gritando “comunistas”. Los panfletos volaban en el aire como aves de papel de estrazo. Yo me bajé del carro, recargándome solo en la salpicadura, al chofer lo estaban jaloneando, al otro que venía de copiloto vio como un hueco sobre la acera por donde podía correr a la avenida IPN pero un judicial le metió el pie y voló como unos tres o cuatro metros, dándose el mayor chingadazo de su vida y lo detuvieron.
Ahí yo ya traía el pelo largo y una barba rala pues apenas iba a cumplir los veinte años, me subieron al camión de granaderos, aquel que en ese entonces fuera portada de la revista Life y, además, para mi mala suerte eran los mismos granaderos fotografiados ahí. De inmediato se pusieron a divertirse conmigo, insultándome, albureándome pero uno de ellos empezó a quemarme las barbas con un cigarrillo, desde luego que yo pensaba que de pronto podía hacerme una quemada seria. Al poco rato vinieron unos agentes por mí, me subieron al carro donde veníamos en la parte de atrás, unos de ellos se puso a lado mío y al otro lado un policía, en el sitio del chofer un policía y junto a él un agente y salimos hacia insurgentes norte, camino a Indios Verdes y el agente de adelante empezó a interrogarme, leyendo donde traía las preguntas.
Pasamos Indios Verdes y entramos a la carretera hacia Veracruz, la mayoría de la preguntas implicaban un no rotundo y cuando me preguntaron sobre la organización a la que pertenecía y cuáles eran mis contactos ahí, desde luego que les contesté que no pertenecía a organización alguno por lo tanto no existían contactos. Obviamente cada respuesta fuera la que fuera iba acompañada de un golpe en cualquier parte del cuerpo, dados por el granadero que estaba de mi lado, entonces, el agente a lado mío me dijo que me iban a matar que me tirarían a una cuneta de la carretera, me puso la pistola en la sien, cortó cartucho y en ese momento sentí un gran vacío y recordé uno de los cuentos de Sartre, en el cual a un personaje lo van a fusilar a la mañana siguiente y deja de sentir totalmente, eso me pasó a mí, dejé de sentir…

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