martes, 9 de junio de 2009

El chillón del 68

Faltaban veinte días el 2 de octubre para que yo cumpliera veinte años. Era ya militante de una organización que se llamaba Poder Popular, que reprodujo los carteles del movimiento estudiantil francés, los cuales sirvieron al gobierno para cruzar al movimiento estudiantil de estar influido por el extranjero. Cinco años atrás, antes de que el movimiento estudiantil mexicano comenzara ya la juventud estaba en rebeldía por fuerzas extrañas del extranjero: los Beatles, los Rolling Stones, The Who y muchos grupos de rock de la época, además del hipismo que nos llegó de la frontera norte.
Y sí, los jóvenes estábamos muy inquietos y nos empezamos a rebelar desde antes de 1968 debido a la puritana educación familiar, a los planes de estudios de múltiples niveles confeccionados en los viejos tiempos de Miguel Alemán, por la prohibición de usar pelo largo y barba y hasta por utilizar pantalones acampanados, además de que las fiestas comenzaban a la cinco de la tarde y se acababan a la once de la noche. Desde luego, que la imagen del Che Guevara, Camilo Cienfuegos nos crearon un cierto imaginario, pero de ahí a que el movimiento estudiantil estuviera armado, como adujeron los criminales Díaz Ordaz, Echeverría, el jefe del ejercito y sus comandos asesinos y torturadores.
En lo que a mí respecta, fui detenido dos veces; la primera muy al comienzo del movimiento por andar pegando propaganda fuera de escuelas y mercados durante la noche. Íbamos cinco amigos en mi Fiat cuadradito y ya habíamos terminado de dar la ronda noctámbula y frente al mercado de Tlatilco a dos de mis amigos se les ocurrió bajarse a orinar y a los otros dos pegar de una vez algunos carteles en el mercado, vale decir que teníamos una cubeta de engrudo, una brocha y dos tipos de carteles: uno blando para las escuelas primarias y secundarias y otro duro para los mercados; yo me quedé al volante con el carro en marcha, y de pronto vi una patrulla daba vuelta dos cuadras atrás de nosotros. Les avisé para que se subieran pronto pero ya no nos dio tiempo de irnos, la patrulla se detuvo detrás de nosotros, bajaron un par de policías con una lámpara alumbraron al interior del Fiat y las evidencias estaban a la vista, nos pidieron que los siguiéramos y nos llevaron a la delegación de Azcapotzalco en el mes de julio de 1968.
Cuando estuvimos ante el ministerio público me di cuenta que sólo venía uno de los rolos de carteles (el blando) y el otro había desaparecido; cuando lo leyó el MP, sólo nos dio un discurso de buena conducta y nos pidió nuestras credenciales de estudiante, diciéndonos que e le que no fuera estudiante se quedaría en los separos. De los cinco sólo cuatro llevábamos credencial de estudiantes y al otro le dijo que se quedaría tras las rejas, nosotros abogamos por él pero el MP era resistente, argumentando que el movimiento era sólo de estudiantes (o sea que el gobierno ya tenía la sospecha de que estuviéramos infiltrados); sólo hasta que se puso a chillar un buen rato el que no traía credencial, el MP lo dejó ir. Ya cuando íbamos hacía la unidad Cuitláhuac, donde vivíamos, el chillón dijo que él había tirado el otro rollo de carteles abajo del carro con mucho cuidado (así que se mereció su libertad). La segunda vez que me detuvieron, las cosas ya habían cambiado a finales de agosto: los enemigos éramos los estudiantes (yo estudiaba por tarde en la escuela de diseño y artesanías del INBA: diseñaba ametralladoras de barro y de palo) mi conecte con el Poder popular me llevó un paquete de volantes al Instituto Mexicano del Petróleo donde trabajaba por la mañana. Al salir, a eso de las 03:00 pm, le pedí aventón a un niño popis, recomendado de PEMEX que iba acompañado de otro niño popis y yo en la parte de atrás. Metí el paquete debajo del asiento del conductor.

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