lunes, 3 de agosto de 2009

El baño de Venus y sus faunos

Al notar que los politecos querían hacer negocios con nosotros y algunos nos atrevimos a llegarle a la yerba santa para la garganta, por lo cual de la celda salía su olor, como dice la gente recatada, a petate. Al siguiente día empezó, obvio es la rutina, pero con una diferencia en el sentido de que, después de desayunar y tirar la cuchara en la cubeta de agua, un cuate que ya estaba mayorcito, calvo, y se corrió la voz que era del Partido Comunista (PC), lo cual para mí no era ninguna sorpresa, pues yo pertenecía al partido Poder Popular, más clandestino y más severo que el PC, al cual le llenó los bolsillos con rublos y copeks a sus dirigentes, con dinero proveniente del PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética). Todavía hace unos pocos años se dieron algunos escándalos mediáticos por tal motivo.
Bueno, pues, ese mayorcito calvo leía con voz en pecho las noticias vinculadas con el movimiento estudiantil del ‘68 e, incluso, recuerdo un largo reportaje sobre la batalla del Casco de Santo Tomás, en la unidad escolar cercana a Santa María La Rivera, donde ni policías, ni soldados pudieron penetrar al Casco, llevándose varias bajas. En rigor no se sabe cuántos muertos hubo de un lado y del otro, pero esto indicaba que un conflicto menor entre policías y marchistas del IPN que coincidieron con otra marcha de estudiantes de la UNAM se convirtiera en un incendio como el de Sto. Tomás, haciéndolo crecer con base en la estúpida e inconciente represión a los alumnos de educación media y superior de las principales escuelas públicas del DF Luego se tendría como siempre el apoyo de la Universidad de Chapingo.
Así, pues el calvo leía las noticias en voz alta, como si trajera un megáfono, o sea que estaba ya entrenadón y cada vez que el reportaje se refería a que los represores del gobierno habían recibido un golpanazo por parte de los estudiantes o habían retirado algún granadero herido o se llevaban el cadáver de algún soldado, los sesenta de La Vaquita gritábamos vivas, al saber que en las calles seguía la resistencia a pesar de que nosotros estábamos en el botellón.
Cuando acabamos de leer las noticias nos metieron a la celda y, al fin, pudieron salir a bañarse y a quitarse la chinches los otros presos que habían separado de nosotros y que consistían en homosexuales activos, prostitutas y uno que otro padrote. Claro que cuando las putas empezaron a bañarse y a deschicharse nos apelotonábamos en las rejas para verlas, hasta que un cuate que estaba terminando la carrera de administración nos organizó para verlas de diez en diez por cinco minutos cada turno, lo que daban media hora, suficiente para los sesenta.
Eran muy pocos los que deseaban ver a los maricones (todavía no se usaba el término gay) ya que ellos desayunaron se acercaron a nuestra celda y poco a poco al paso de los días pudimos platicarles lo que nos había sucedido y lo que estaba pasando en las calles con los estudiantes y prometieron hacer propaganda en centros nocturnos y con sus clientes. Algunas y algunos de ellos se lamentaban de que nos hubieran dividido como si ellos, según dijeron, apestaran, pues la otra celda era una pocilga, agregó un travesti. Entonces, supimos que La Vaquita era un anexo de Lecumberri para putos y putas.
La marihuana que nos vendían los policías nos hacía más llevadero el tiempo muerto y, después de la comida, en medio de una humareda de hierba verde limón, llegaron al pie de las rejas dos polizontes con el nombre entre los bigotes del primer preso estudiantil que sería interrogado.

1 comentario:

  1. Develado el misterio de la Vaquita, (que me tenia intrigado), saludos enormes.

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