viernes, 9 de octubre de 2009

Tres vidas de gato

Entonces, el 2 de octubre del ‘68, logré salir con vida y sigo pensando que ese día es la única guerra que ha llevado a cabo el ejercito mexicano y, ni más ni menos contra sus compatriotas, la juventud mexicana, muchos menores de dieciocho años. Desde aquel día hasta hoy no he testimoniado una acción bélica de nuestras supuestas fuerzas armadas de tal dimensión.
Cuando logré llegar a la avenida Cuitláhuac, con la ayuda de un taxista y junto con dos compañeros que estaban en La Plaza de las Tres Culturas, uno de ellos con un bayonetazo en el estómago; y ya arriba del camión que iba a San Pedro, después del mitin relámpago informativo que en el transporte dimos, los otros dos se bajaron en Tlatilco. Yo les ofrecí ayuda para llevar al muchacho con algún médico, pero el que no iba herido me dijo que el padre del bayoneteado era precisamente médico y que lo atendería de inmediato.
Yo me seguí unas cuadras más hasta la unidad Cuitláhuac donde vivía. En mi mente sólo tenía al amigo que fue conmigo a Tlatelolco, rogándole a Dios q ue no le hubiera pasado nada, ya que además yo fui quien lo convenció para asistir al gran mitin. Debido a esta razón y al despliegue aplastante del ejército, yo sólo llevaba en la mente la palabra “venganza”, sin importarme ya mi vida. Nos habían declarado la guerra.
Al llegar a mi departamento y como no traía llaves, me abrió mi madre y, al entrar, fui directo a la cocina a elegir el cuchillo más grande y más eficaz, pensando que mi primer acto sería matar a un policía y luego quitarle el arma de fuego y hacer lo mismo con otros dos para regresar bien armado a Tlatelolco para ejecutarme a los soldados que se pudiera hasta caer muerto yo.
Cuando mi madre me vio entrar y coger el cuchillo más grande y filoso de la casa, ella no me dejaba salir, yo le dije con gran disgusto que le quitaría las llaves a la fuerza pero ella me respondió que sería imposible porque las había tirado por la ventana y como vivíamos en la PB, las ventanas estaban con barrotes y no pude salir. Entonces me vino una crisis nerviosa muy potente de llanto caído en el suelo con temblores casi al borde del desmayo hasta que no sé cuánto tiempo después me llegó cierta calma y mi madre me dijo que ya le había llamado al poeta y dramaturgo Germán Castillo y que iba a venir a hablar conmigo para invitarme a una organización política como opción a mi desencanto de no poder ejecutar a algunos policías y soldados.
Al final Germán llegó para proponerme que me integrara a una organización llamada Espartaquismo Integral, donde se planteaban el estudio de los clásicos de la economía política, desde los básicos como Adam Smith hasta los epígonos como Shompeter, pasando desde luego por los consagrados como Marx, Lennin y Engels entre otros para luego crear un macro estudio económico y político de México para entrar ya en la acción.
Sin embargo a mí me pareció todavía light y luego me integré al Movimiento de Liberación Nacional (MLN), el cual apoyaba de forma económica el general Lázaro Cárdenas, entre otros, para estar pertrechados e hice varias prácticas en la Sierra Madre Oriental pero como no podía dormir debido a mi ridículo temor hacia las víboras y los insectos venenosos, me regresé a la Ciudad de México, incorporándome ahora a los comandos Emiliano Zapata (CEZ), surgidos, tal vez de la organización Poder Popular que apoyó el movimiento del ‘68. La función de dichos comandos era la expropiación económica a bancos pero en la primera acción con objetivos a tres bancos los comandos fueron aplastados con varios encarcelados en Lecumberri. Me salvé al no participar debido a una gripa muy potente y no me permitieron participar. Así que me gasté tres vidas de gato: ‘68, MLN y CEZ.

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