viernes, 5 de marzo de 2010

El vaso de leche

De forma paralela a mi militancia en el Espartaquismo Integral, empecé a escribir mis primeros cuentos pero, en especial, a juntarme con una banda de la Unidad Cuitláhuac, al norte de la ciudad; podría afirmar que dicha pandilla era, quizás, la más tremenda de la unidad, pues vivíamos en la sección de condominios más jodida (a pagar en 30 años el depa) y, por lo mismo, ahí nos reuníamos la escoria de la comunidad. Mi familia fue cayendo de clase media-media a clase media-baja a clase baja-baja (mi padre, parrendero y jugador, participó en este bajón, pero luego se murió cuando yo tenía 18 años y ½; con mi primer aguinaldo más lo que nos dio mi tío Pablo, el hermano menor de mi padre, di el enganche del departamento). Ya los Beatles eran un fuerte icono, pero en especial, para nosotros estaban Bob Dylan, Jimmy Hendrix, Jetro Tull, Rolling Stones, The Doors y otros, hasta los terribles Plasmatics, punks que se adelantaron a su época.
La vocalista de Plasmatics (entre varios) se suicidó en el pasado abril del ‘98, dejando esta serena carta: “El acto de quitarme la vida no es algo que decida hacer a la ligera. No creo que nadie se quite la vida sin antes haberlo reflexionado a profundidad durante un largo periodo de tiempo… De todas formas, estoy convencida de que el derecho a poder hacerlo es resultado de que tenemos una sociedad libre. Pienso que la mayoría de las cosas que hace el mundo no tienen ningún sentido, pero el sentimiento respecto de lo que estoy haciendo suena alto y claro en el interior de los oídos, en un lugar en el que no hay nadie, sólo la calma. Amor eterno: Wendy”.
Wendy, antes de darse el pistoletazo, tenía ya algunos antecedentes penales, además de que se le conocía como estrella del porno punk erótico, cuya fealdad y fiereza eran adecuadas para ese digno trabajo. Recuerdo que cuando me casé con Alma Sepúlveda, la tarántula escarlata, ella odiaba mis serie de discos de Plasmatics y, cuando llegaba de visita mi suegra (acostumbrada a oír las quebraditas norteñas de entonces), yo le daba su dosis de Plasmatics a todo volumen, en tanto que era y es una mujer malévola y miserable, todo lo contrario a mi suegro, que en paz descanse, amable y respetuoso (quiero suponer que el aparato que él usaba para oír eran una muletilla, pues cuando las agudas voces de su esposa y Alma, debido a los altísimos decibeles, que podían tronar los ventanales de la casa, yo notaba que mi suegro le bajaba el volumen a cero al aparato).
Pero, cuando él escuchaba a Plasmatics me daba cuenta que dejaba su artefacto en el mismo nivel que lo traía. Recuerdo que el disco que más me gustaba era uno donde habían echado un automóvil dentro de una alberca en una casa de bien ver, quizá de Beverly Hills.
Por otro lado, yo estudiaba los libros del Espartaquismo Integral de 16:00 a 21:30 horas, momento en que la pandilla pasaba por mí para pasear por la Unidad, dándonos unos tremendos churros de mois, mota, cannabis o marihuana, como usted quiera denominarla, portando un enorme radio de la época (principios de los 70’s). Por cierto, las familias nos tenían miedo y, en lo posible, impedían que sus hijos se juntaran con nosotros.
Recuerdo, en una ocasión, que uno de esos muchachos, intentó juntarse con nosotros y tuvo que pasar su iniciación, la cual consistía en que encendíamos dos puros enormes de mois (¡no cigarros!) y, luego de prenderlos, Cuauhtémoc se ponía de un lado del iniciado y yo del otro. Mientras tanto, los puros giraban rápido entre 5 ó 6 para que pasaran muchas veces a la boca del iniciado. Cuando él ya estaba hasta la madre, a la izquierda Cuauh le hacia ruidos agudos en el oído y, cuando el principiante volteaba a ver, Cuauh caminaba como si nada hubiera pasado y luego yo hacía lo mismo. Esta técnica provocaba que el iniciado pensara que los ruidos venían de su cabeza y que, tal vez, se estaba volviendo loco; y nosotros seguíamos pasándole los churros.
El joven se fue rápido a su casa. Supimos que su madre llamó a un médico, pues el chavo decía que volaba. Cuando el doctor lo analizó, le dijo a la señora que su hijo sólo estaba marihuano y que le diera un vaso de leche.

3 comentarios:

  1. Me hiciste acordar de las fiestas de algunos de "letras hispánicas" o como se haya llamado, en la Unidad Independencia en los setentas.

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  2. La imagen del vaso de leche me recordó la portada del libro de Gorostiza, Muerte sin fin, que editó FCE en la serie de Lecturas mexicanas. ¿Coincidencia sin fin?

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