viernes, 28 de mayo de 2010

Café de origen

El café está unido desde sus orígenes a cierta espiritualidad: el éxtasis o, más pragmáticamente, a la lucha contra la fatiga; posteriormente vinculado a la actividad artística, intelectual, la charla, la sociabilidad, el espíritu crítico y, en consecuencia, la lucha política. Incluso, el anglosajón Georges Pascius sostuvo, con más espíritu cristiano que rigor histórico, que la Biblia refiere al café cuando habla de “granos tostados”. Para no ser menos, el italiano Pietro de la Valle, a finales siglo XVII, descubre que Homero narra cuando Helena calmaba sus tormentos con “Nephentes”, un misterioso brebaje de origen egipcio que mezclaba con vino, y tan eficaz que “Del llanto y de la cólera y de males/ olvidador dulcísimo”.
Descubierto en Etiopía, el café se difunde por el mundo intertropical. Fue en Arabia, precisamente el Yemen, donde se introdujo en primer lugar, seguramente por medio de los peregrinos. Aunque según otra leyenda, un santo llamado Baba Budant, indio nativo de la región de Mysore, llevó a cabo, como todo buen creyente, la peregrinación a La Meca. En aquellos tiempos, los árabes guardaban celosamente el monopolio del cultivo de café, pero el indio, deseoso de hacer llegar aquel precioso arbusto a su país, ocultó siete granos en sus vestiduras y llevó a su hogar llevando los preciosos granos. Así fue, dice, como se llevó a cabo el primer gran paso de la difusión de este producto a través del mundo. En realidad, sabemos que fueron los marinos holandeses quienes introdujeron el café, primero en Ceilán, y luego en la India. Aunque para Vanier la difusión no se debió tan sólo a viajeros y marinos, sino también a los jardines botánicos, a menudo olvidados.
El Jardin des Pamplemousses, una de las más hermosas realizaciones de Francia en sus antiguos territorios de ultramar. Creado por monsieur de La Bourdonnais en 1735 en la isla de Francia —que más tarde se convirtió en Isla Mauiricio—, este jardín debió su riqueza a un intendente que era también un notable naturalista, Pierre Poivre.
Poivre, cuyo apellido significa pimienta, se apasionó por el cultivo de las especias, al que se dedicaban los holandeses en sus posesiones. Introdujo en la isla de Francia y otras terriotiros franceses la pimienta, la canela y la nuez moscada. Poivre agrandó el jardín creado por La Bourdonnais, adquiriendo con su propio dinero el Jardin du Montplaisir y el conjunto así reunido formó el Jardín des Pamplemousses, que aún en nuestros días puede descubrirse en el centro de la Isla Mauricio y que tiempo después acogería plantones de cafeto expedidos por el Jardín des Plantes de París.
Al célebre botánico francés Antoine de Jussieu, a principos del XVIII, le fue confiado el precioso cafeto, regalo del jardín botánico de Ámsterdam. Gracias al capitán Gabriel De Clieu, au producto debía partir con éxito a la conquista de América.
En 1657, marinos holandeses trajeron de Adén plantones de cafeto que se cultivaron en el jardín botánico de Ámsterdam y luego se enviaron a Ceilán y a Java. El cultivo del cafeto prosperó de tal manera en estos lugares que, unos años más tarde, Arabia pasó a ocupar el segundo puesto de la producción mundial. Durante largo tiempo, las Indias holandesas dictarían el precio del café en el mercado mundial. [Continuará, por lo pronto èchense otra taza de cafè]

2 comentarios:

  1. Me lo echo.
    No conocía su bló, mai. Al parecer el facebook, jodido y todo, me viene queriendo caer bien.
    Me estaré dando las vueltas. Aquí me tendrá cada que el horóscopo me pronostique alguna ambigüedad.

    ResponderEliminar
  2. hola,
    por cuestiones azarosas he encontrado su blog.
    me causó curiosidad porque, justo esta semana, estoy finalizando mi tesis acerca del café, como bebida y como espacios de sociabilidad. me gustaria saber que mas ha escrito sobre este tema y que bibliografia ha utilizado para dichos menesteres...
    gracias!!

    ResponderEliminar