viernes, 27 de agosto de 2010

Infiel con gorda y un puro*

Intrigante, el hombre tenía preparada la escuadra 38 bajo la mesa. Cortó cartucho, sacó la mano para meterle dos tiros a la infiel. En ese instante, el mesero colocaba la taza de café ante el hombre, en cuya mano se derramó el líquido hirviente, haciéndole subir la pistola, la cual disparó ambos tiros. Uno dio en el pecho del capitán de meseros, quien salpicó de púrpura la cara de la infiel y las solapas grises del amante; el segundo tiro atravesó el cuello de una mujer norteamericana demasiado gorda, tan obesa que estaba sentada en dos sillas antes de que se hundiera su cara rechoncha en un cerro de wafles con mermelada y media barra de mantequilla que se desparramaba hacia los costados de los wafles, lo mismo que sucedió con la sangre. Con un ardor de los mil diablos, el hombre volvió a meter la mano bajo la mesa, soltando la pistola pero recogiéndola de inmediato y mirando hacia todos lados. Tal vez en el siguiente intento no le llevaran café y no hubiera capitán de meseros. La verdad, pensó, la gorda lo tenía sin cuidado. La infiel siguió siendo infiel pero ahora manchada de rojo en las mejillas y en una oreja. Quien la acompañaba encendió un puro por puro gusto. La música del restaurante La Bombilla es demasiado decadente, mi amor, dijo la infiel, Mientras, un perfecto aro de humo que había lanzado el amante subió hacia las candilejas. El hombre volvió a cortar cartucho bajo la mesa; el mesero venía con un consomé de pollo hirviendo.
*La Guerra Oculta, LECTORUM, México, 2008

1 comentario:

  1. Jeje, bastante sugerente el final, podría aceptar que pasará lo mismo con el consomé, pero prefiero pensar que será cuando le lleven la cuenta.

    Saludos, Maestro

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