miércoles, 13 de octubre de 2010

El Golem de Plejánov

Después de una breve pausa y de varios correos electrónicos sugerentes que recibí, retomo mis memorias que iré intercalando junto con otros textos. Continuaré a partir del úlimo artículo de esta categoría "Hippie comunista".
En rigor, mi larga estancia de casi 10 años en el Espartaquismo Integral se concretó a realizar, de mi parte y con otros compañeros, un estudio detallado de las diversas teorías económicas desde Adam Smith hasta Schumpeter, desde luego coordinado por los 3 tomos de El Capital de Marx, el clásico de clásicos, ya que fue el descubridor de la plusvalía (un valor económico “plus” luego de la inversión del capitalista aplicada al desempeño laboral de los obreros). Por otro lado, estaba el estudio de la teoría política, en la cual predominaba Vladimir Ilich Lenin, sumándole el estudio de las filosofías, reorganizadas por el llamado materialismo dialéctico, proveniente de Hegel, pero transformado y adaptado por Marx y Engels, además de las folleteria del propio Lenin y hasta del practicista y temible Stalin quien, según creo, publicó sólo un libro emulando a Lenin. Recuerdo que antes de meterme a estudiar El Capital, teníamos que estudiar Contribución a la Crítica de la Economía Política del mismo Marx; cuando empecé a leerlo avancé con lentitud hasta que hubo un momento en que las fórmulas que él planteaba no acababa de entenderles, aunque las releyera y las releyera. Una noche en que mandé al carajo el libro, me fui a dormir y en un largo sueño donde desfilaron las categorías económicas y las fórmulas planteadas en la Contribución se me presentaron en un orden tan lógico que, al despertar al fin tenía muy claro lo que de manera diurna no había acabado de comprender.
El suceso anterior me sorprendió, ya que en medio de una teoría tan “materialista” había sido comprendida por mecanismos tal vez mágicos, lo cual era una seria contradicción. En el prólogo del libro El Dominico Blanco, su autor, Gustav Meyrink, también autor del famoso Golem comenta que antes de empezar a escribir la novela del dominico tenía ya el texto concebido a plenitud: la ciudad, los personajes, la trama, etcétera. Pero dice que cuando empezó a escribir el libro páginas adelante percibió que estaba escribiendo otra novela y que ésta era como dictada por el protagonista y Meyrink dice: “En fin, no me quedó otro remedio que ceder a la influencia de quien respondía al nombre de Christoph Taubenschlag, cederle mi mano, por así decirlo, para escribir esta historia, suprimiendo aquello que fuera ocurrencia mía”.
Quiero suponer que durante aquel sueño tuve a mi propio Christoph, el cual no ha intervenido pocas veces tanto en medio de mi escritura literaria como en sueños. Obvio es que este fenómeno entra en severa contradicción con el materialismo dialéctico y las tesis de Feuerbach. Otro asunto que me sucedió fue cuando leí el tomote aburrido de Lenin llamado Materialismo y empiriocriticismo, en el que se dedicaba a hacer pinole a Plejánov, ubicándolo en lo que Lenin llamó “la charca”, es decir los que no estaban ni de un lado ni del otro. En este libro Lenin hace largas citas de lo que él denominaba idealistas como a D’Alembert, Berkeley y otros con el fin de demostrar los equívocos teóricos de Plejánov y su gente. Para desgracia del autor de ese libraco, yo me vi atraído por dichos autores, a los cuales de inmediato me puse a leer.
Al final, Plejánov fue expulsado del Partido Socialdemócrata (después PCUS) por Lenin y sus esbirros, los autonombrados bolcheviques, a pesar de que Plejánov había sido el maestro y guía político de Lenin y, tiempo después, Plejánov se exilió y escribió bajo el pseudónimo de Volgin; al menos no lo asesinaron. A su fallecimiento, Plejánov dejó escrito en su testamento respecto de Lenin, lo siguiente: “Es mi criatura, pero su revolución será una desgracia para todo el movimiento obrero” y tuvo razón.

No hay comentarios:

Publicar un comentario