martes, 23 de noviembre de 2010

A la salida del trabajo

Mientras militaba en el Nuevo Espartaquismo Integral, también era hippie escuchando en especial a Hendrix, a Zappa, The Who, a la bruja Joplin, entre otros, además de a The Beatles con El Sargento Pimienta, en especial; ya había escrito Cuando el tacto toma la palabra y Fuera del ring, libros de cuentos, además de trabajar como dibujante técnico industrial en el Instituto Mexicano del Petróleo (IMP). La juventud da para tantos trotes.
En el IMP éramos legión y el horario me convenía muchísimo: de las 8 am a las 3 pm. Así que me quedaban unas 8 horas para la política, deporte (volibol) y la literatura, más los fines de semana. La entrada tenía 15 minutos de tolerancia; después otros 15 que contaba como retardo. Tres retardos a la quincena implicaban un día de castigo. Tres días de castigo al mes significaban estar despedido. Cuando me fui de ahí creo que mi expediente negativo era de los más gordos, pues lo vi.
Para la segunda quincena de un mes, había reunido 2 días de castigo y llevaba 2 retardos para juntar el tercero y mi despido. Una mañana, llegué echo la madre (léase corriendo los 100 metros) por el pasillo que daba al reloj checador, portando el tomo más gordo de las obras escogidas de Lenin (unas 900 páginas y empastado duro, pero duro).
Serían las 8:14 y las 8:15, o sea que tenía segundos para no ser despedido; llego al lugar donde se encontraba el reloj. Acababa de checar un dibujante, de los más mamados, y se le ocurre, al hijo de la chingada, estorbarme el paso a drede; desesperado, lo único que se me ocurrió fue reventarle el tomo de Lenin en la jeta a ese cabrón. Casi vi como le saltaba la saliva del súper tomazo y no le quedó de otra, mientras se sobaba, que hacerse a un lado. Metí la tarjeta al reloj y al sacarla decía 8:15; ¡uf!, en verdad la había salvado. Pensé que al menos para algo servía Lenin.
Pero el malo de la película me aguardaba, exhibiendo su musculatura de Goliat y una cara roja de lado derecho, súperenputado. No sé quién me regresó el tomo del Guiness del comunismo pero me volvió a ser útil porque el mamado ya quería romperme la madre. Varios compañeros nos detuvieron y acordamos (como en la secundaria) echarnos un round a la salida del trabajo.
Me fui a mi lugar, unos de los miles de restiradores (mesa de tapa móvil para el trabajo de dibujo); como a las 2 horas no sólo todo el mundo sabía que el Titán, de oficio peluquero por las tardes, y yo, de oficios múltiples vespertinos, íbamos a contender. Poco a poco me entró miedo y luego el terror pues sabía, y era obvio, que el pinche peluquero me iba a romper la madre y eso era lo que todo mundo quería ver.
Lo único que se me ocurrió fue dejar a un lado a Lenin e ir con una botella de vidrio de Coca-cola de un litro (vacía, desde luego, para mejor manejo) que me consiguió uno de los chalanes de limpieza. Así que a las 3 de la tarde salimos del IMP, yo acompañado por mis padrinos y Goliat por los suyos. Llegamos al terrenito donde se daría mi madriza y, de inmediato, mi padrino (otro hippie) me entregó de manera formal la botella.
Cuando el mastodonte vio la Coca-cola, protestó pero sus padrinos lo alentaron; nos pusimos frente a frente (él guardó una distancia de 2 metros) y nos fuimos acercando poco a poco. Su técnica era dar vueltas e intentaba que se me cayera la botella pero cada vez que acercaba su enorme extremidad, recibía un botellazo. De pronto, aconsejado por un padrino, se me vino de frente y ahí mismo le sorrajé la botella en la cabeza. Para mi sorpresa no sangraba pero supe que no sabía en qué lugar del universo se encontraba, lo cual aproveché para asestarle el segundo botellazo en un hombro y todo el mundo detuvo la pelea. Pasó el tiempo y cuando nos veíamos, se repegaba, medio ciscado, contra la pared. Pensé entonces que debajo de esa musculatura sólo habitaba un putito.

2 comentarios:

  1. Jajaja, muy bueno maestro, me hizo rememorar con gusto.

    Abrazos

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  2. hay personas que por ser de gran tamaño se ponen a molestar, acostumbrados a tener siempre lo que quieren tan solo gruñendo, pero es mejor maña que fuerza y esto lo demuestra jajaja.
    Besos

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