jueves, 9 de diciembre de 2010

Purple Haze

Como ya lo había mencionado antes, en los 60’s era escritor, militante comunista, hippie y dibujante técnico industrial e hijo mayor de familia numerosa sin padre; claro, con la vitalidad que uno tiene entre los 20 y los 30 años, la cual aguanta costales de cualquier material sobre el lomo.
Había probado la mitad de un LSD anaranjado, de los normales, mezclado con unos toques de la santa hierba verde y la pasé bien; la mayoría de las sensaciones fueron de alegría, optimismo y de una extrema claridad visual, pero no tuve alucinaciones.
Un par de meses más tarde, con la pandilla de la Unidad Cuitláhuac, compramos algunos LSD’s púrpuras (de los que habla Jimmy Hendrix) con speed, un acelerador con base en anfetamina y los íbamos a consumir al sur de la ciudad, en el espacio escultórico de Ciudad Universitaria (CU), pero los tiras de ahí nos corrieron antes de empezar cualquier cosa.
Bajamos a pie hacia avenida Revolución y nos echamos las pastas; yo sólo tomé la mitad. Caminamos y me di cuenta de que el Purple Haze no se ponía en acción y lo mismo dijeron los otros pachecos. Cuauhtémoc sugirió que nos diéramos un churro (cigarro de marihuana) para elevarnos y, como el churro estaba fuerte, por lo menos a mí me pegó duro.
Seguimos otras cuadras cuando percibí que el LSD empezaba a hacerme efecto y la primera sensación fue que mi entorno me estaba envolviendo, como una opresión paulatina; pensé que era Dios, pero esta idea se diluyó pronto y sólo quedó el sofoco cada vez más fuerte. Llegamos a la estación donde partían los tranvías y abordamos uno.
Como mis cuates echaban desmadre, yo me aparté y tomé asiento delante de dos señores. Habrían pasado unos 10 minutos cuando el speed, el LSD y el churro actuaron en mí en un mismo impulso. Al oír las risas de los señores de atrás, pensé que se burlaban de mí y allí empezó la paranoia. Incluso giré la cabeza y, pues, me cercioré de que sus risas eran inocentes.
Miré hacia la calle y las luces de los arbotantes, de los comercios y cualquiera otra que estuviera por ahí se convirtieron en rayones densos de luz intensa, disolviéndose la parte de las construcciones. De pronto, se hizo una franja lumínica verde y vi un océano. El vehículo en el que viajábamos se transformó en nave estelar. Y, de pronto, empezó a cobrar vuelo, levantándose hacia el cielo negrísimo a una altura inmensa.
Esta subida me dio vértigo, pero el terror me sujetó cuando la nave empezó a bajar a la misma velocidad; yo juraba que se iba a estrellar contra la Tierra. Vi de nuevo el mar y, cuando se iba a estrellar, se enderezó, dio una curva hacia arriba y luego fue jugando a subir y bajar sin sumergirse. Me vino algo de tranquilidad, pero la angustia seguía potente en mi pecho, tanto que deseaba ir ya a una clínica.
Se los dije a mis compas y aducieron que nos llevarían a la judicial; así que permanecí en el pánico. Nos bajamos del terrible tranvía y tomamos un autobús que nos dejó en Tlatelolco. Cuando íbamos subiendo un puente de asfalto, descubrí que mis piernas se sumían hasta las rodillas en lodo negro y me era difícil sacarlas. Unos edificios más allá llegamos al edificio donde vivía el “Chihuahua”, el amigo que conseguía la droga pesada.
Subimos al elevador que duró una eternidad, llegamos a la azotea donde el “Chihuahua” rentaba un cuarto; era plena oscuridad. Las voces me venían por como ecos sin entender nada; con ciertos haces de luz, les veía las caras sin facciones como si trajeran una rodilla por cabeza. Al entrar al cuarto y al calor y a la compañía, le dije al “Chihuahua” que si me dejaba pintar un mural en la pared del fondo. Escondí la mitad de mi Purple para no dañar a nadie. Me dio los gises y me la amanecí pintando. Todavía medio tricheco, me fui al trabajo. Alguien había agarrado el Purple.

2 comentarios:

  1. Hola, espero que esté teniendo un excelente inicio de año Maestro. Desde hace un tiempo sigo su blog y cuando puedo también su columna en el financiero. Me comunico con usted para pedirle un consejo, me gusta mucho escribir, también tengo mi blog, mi novia era la que más me leía, y eso me motivaba a mi a seguir escribiendo, hace 8 meses terminamos la relación (más bien ella me terminó) entonces empece a escribir de lo mal que me sentía, pero me di cuenta que me hacía daño a mi mismo al escarbar en mis sentiemiento, decidí tomar un descanzo y dejar de escribir por un tiempo, esta semana quise volver a escribir, pero en mi mente sigue Nadia (mi exnovia) quiero volver a escribir, pero ya no quiero seguir sufriendo por ella, no sé qué hacer, ojalá y me pueda dar un consejo, sino pues ni modo, seguiré leyendo su blog, feliz año y mucha suerte.

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  2. Que viaje, me hizo recordar el capitulo del mezcalito de Castaneda.
    Un abrazo desde sonora

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