lunes, 26 de septiembre de 2011

Zumbando y escribiendo

Retomando los textos autobiográficos, nos quedamos en que antes de salir del Instituto Mexicano del Petróleo (IMP), me metía a uno de los baños y me hacia mi churro de marihuana y en el camino al taller me lo zumbaba para llegar así: zumbando. Desde luego que, la mota no me perturbaba para participar bien en el taller; lo mismo me sucedía en las reuniones políticas, a las que llegaba un tanto pacheco (no confundir con José Emilio). Además, la cannabis tiene la característica de ayudarlo a uno a concentrarse de forma obsesiva en un aspecto.

Por otro lado, lo primero que nos dijo Monterroso, en la primera sesión, fue que la beca que teníamos era para escritores y que, por lo tanto, no pensáramos que nos haría corrección de estilo. Yo no tenía problema al respecto porque con el maestro González Pagés corregíamos mis cuentos codo con codo y había yo avanzado bastante en cuanto a la corrección de estilo y, además, Monterroso nos recomendó la gramática de Henríquez Ureña, la cual no estaba ya en el mercado, pero la conseguí en una librería de viejo de la avenida Hidalgo y todavía la tengo, pero en especial en la cabeza.

De manera eventual, Monterroso nos ponía ejercicios para realizar en casa como uno de escribir el fin de semana de un obrero, de una persona de la clase media y de un burgués; por mi parte, aprovechaba tales ejercicios para escribir verdaderos cuentos, ya que trabajaba, militaba, ya me había casado, tenía que seguir estudiando economía política, leer otras obras literarias, escuchar el rock pues los grupos se iban diversificando.


Al respecto, me tocó ser testigo escucha de la aparición de cada disco de The Beatles, los Rolling, Led Zeppelin, The Who, etcétera. Así que no llevaba al taller ejercicios, sino ya cuentos terminados. Cuando los leía eran mínimas las opiniones que el maestro me daba; pero los textos que leían Chumacero y Ruíz, los hacía pinole y los calificaba de telecomedieros, a pesar de que uno y otro se la pasaban presumiendo sus lecturas y disque recomendándome libros.

Lo que no sabían es que yo había hecho ya una lectura amplía de los autores europeos y norteamericanos fundamentales y no tenía tiempo para veleidades. Lo que sí hacía era seguir la sugerencia de Monterroso de leer autores que escribieran en castellano, tanto de Latinoamérica como de España. En ocasiones, nos jugaba bromas como encargarnos leer el Quijote para la semana siguiente; desde luego que yo no le hacía caso, pero Bernardo y Luis llegaban con tremendas ojeras, diciendo que no habían podido terminar, mientras Monterroso y yo nos moríamos de la risa.

En ese momento, los latinoamericanos del boom publicaban mucho; yo intentaba leer todo lo que publicaban, en especial de Cortázar y Vargas Llosa; al mismo tiempo fui descubriendo a Roberto Arlt (argentino), Onetti, Julio Garmendia (venezolano), Felisberto Hernández (uruguayo), José Luis González (puertorriqueño), Ernesto Sábato (argentino), entre otros muchos que estaban fuera de órbita del boom.

De los españoles me metí a leer a los poetas de la generación del 29’ y a los grandes poetas del pasado como Garcilazo y Fray Luis de León, ya que en ese momento la narrativa española era pésima. Aproveché para leer algunos mexicanos que eran imprescindibles como Martín Luis Guzmán, Mariano Azuela y otros autores de la revolución. Por el momento, como joven que era, mis héroes mexicanos eran José Agustín, Gustavo Sáenz y Jorge Arturo Ojeda; además, desde luego, de Arreola, Elizondo y Rulfo.

El año del taller se fue volando y yo no alcancé a terminar mi nuevo libro pero no hubo problema, ya que nos dieron más tiempo para entregarlo.

1 comentario:

  1. UN SALUDO PARA EL MAESTRO SAMPERIO, A QUIEN TUVE EL HONOR DE CONOCER EN LA FERIA DEL LIBRO INFANTIL Y JUVENIL,XALAPA.

    COMO SIEMPRE ES FENOMENAL...
    UN ABRAZO...DE SU SEGUIDORA Y ADMIRADORA!!

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