viernes, 7 de septiembre de 2012

El problema de los peluqueros en el DF

Con el subsidio que el Gobierno del Distrito Federal les da a los peluqueros de la ciudad es imposible cortarle el cabello a todos los hombres. Por esto, con el paso del tiempo, algunos caballeros parecen hipies aunque sean personas recatadas y escuchen a los Bee Gees y, de cualquier manera, los corren de sus trabajos, en especial de los bancos y de las agencias aseguradoras, aunque ellos demuestren su buen récord en la empresa.

A otros sólo les alcanzan a cortar la mitad del cabello de la parte de abajo y recuerdan la época de Robin Hood; pero si les cortan la mitad de izquierda a derecha o a la inversa, la gente cree que van hacia un concierto de rock negro o que ellos mismos forman parte del algún grupo musical darck.

Otro problema que enfrentan los peluqueros es que a los bustos, las estatuas y a las esculturas, les ha ido creciendo el cabello de piedra y de metal de forma desproporcionada, en especial al Cura Hidalgo y a José Ma. Morelos y Pavón, cuyo paliacate se le cayó y nadie quiere devolverlo. Con los toreros es peor, ya que hay ocasiones en que se enredan con su propio pelo y el toro aprovecha para cornarlos; las plazas de la tauromaquia se han ido llenando como circo romano.

Lo más curioso de todo es que los leones del parque de Chapultepec se han ido quedando calvos y todo mundo supone que ha empezado la rebelión de los peluqueros ya que, hoy en día, por más que lo intenten, no pueden hacer ningún corte de pelo ni con una pizca de arte. Y, aunque los caballeros los tomen como “oficiantes”, en rigor son artistas.

Por otro lado, la mayoría de los hombres han empezado a manifestarse en contra del Gobierno y no sólo del de el DF, sino en general, de una frontera a otra y de un océano al otro, ya que todos, pero en absoluto todos, los políticos andan muy bien peluqueados y lo mismo sucede con sus choferes, lo cual es la ofensa mayor para la hombría de la República.

Los que tienen la fortuna de tener esposa, hermana o madre que tengan habilidades de estilistas salen del problema. Otros han optado por rasurarse toda la cabeza y el país se está llenado de pelones, como si todo mundo se hubiera escapado de algún hospital psiquiátrico. Los pelones tienen la desventaja de que, al intentar atraer a una mujer, con sólo ver la pelona, aunque los hombres tengan ojos azules o verdes, las mujeres lo piensan más de dos veces para aceptar a salir con el pelón en turno. Los que ya eran calvos de por sí están muy contentos, ya que sienten una especie de venganza ante los pelones. Y, en rigor, no se ha visto a ningún calvo en las manifestaciones callejeras que se han ido incrementando día con día.

Los líderes pelones y los de los peluqueros consideran que, más menos, el próximo 2 de octubre estallará la revolución, como sucedió en Portugal con la revolución de los claveles rojos en la boca. Suponen que parte del ejército se pasará de su lado, no como en el movimiento estudiantil de 1968, que actuaron en bloque contra los indemnes estudiantes, ya que todos pero todos los soldados están pelones o semipelones, lo cual es un gran ventaja para la toma del poder.

Desde luego, el mejor peluquero, o estilista de México, será el primer presidente auténtico de la Nación; las demás carteras se repartirán entre pelones, peluqueros y soldados (de sargento para bajo). Esta confederación citará a elecciones en su momento y, desde luego, están incluidas las mujeres pelonas o de casquete corto, por aquello de la igualdad de géneros. Esperemos que quien tenga el paliacate de José Ma. Morelos y Pavón lo devuelva a la cabeza ad hoc, pues la escultura se ve muy gacha así, nada más, con la pura pelona de uno de nuestro máximos héroes y, por favor, no traten de cortarle el cabello a Iturbide que, de cualquier manera, fue nuestro primer Rey Mexicano. En su país, España, a Juana La Loca la representan como fue, como Loca; sería un despropósito que la representaran como Juana La Cuerda.

Miremos un poco su carrera política: Juana I de Castilla, conocida como “Juana La Loca” (Toledo, 6 de noviembre de 1479 – Tordesillas, 12 de abril de 1555), fue reina de Castilla de 1504 a 1555. Antes fue infanta de Castilla y Aragón, luego archiduquesa de Austria, duquesa de Borgoña y Brabante y condesa de Flandes. Al final, reina propietaria de Castilla y León, Galicia, Granada, Sevilla, Murcia y Jaén, Gibraltar, las islas Canarias y las Indias Occidentales (1504–1555), de Navarra (1515–1555) y de Aragón, de Nápoles y Sicilia (1516–1555), además de otros títulos como condesa de Barcelona y señora de Vizcaya, títulos heredados tras la muerte de sus padres, con lo cual unió en definitiva las coronas que conformaron España a partir del 25 de enero de 1516, convirtiéndose así en la primera reina de España junto con su hijo Carlos I.

En los últimos años, a la enfermedad mental se unía la física, teniendo grandes dificultades para caminar. Entonces, volvió a hablarse de su indiferencia religiosa, llegándose incluso a exponer que podía estar endemoniada.

Como se puede advertir y cotejar en la Wikipedia electrónica, con tantos nombramientos, enigmas, problemas, nominaciones, dificultades, incógnitas, llamamientos, inconvenientes, misterios, investiduras, molestias, secretos, responsabilidades, diplomas, trabas, acertijos, certificados, apuros, charadas, despachos, dilemas, conflictos, logogrifos, cédulas, teoremas, incertidumbres, ambigüedades y, por consecuencia, diversidad de viajes, reuniones, guerras en el extranjero, en su entorno territorial y firma de cientos de miles de documentos, cómo no se iba a volver loca, dígame usted, señor Pérez. Incluso, el lector póngase en su lugar y evaluará si podría mantener la cordura en tales circunstancias.

Además, posar para decenas de pintores, lo cual la ponía en extremo nerviosa, ya que había algunos artistas que tardaban meses en retratarla (con pintura, desde luego; todavía no aparecía la Kodak). O sea, con tanto ir y venir, subir y bajar, quedarse y viajar, vestirse y desvestirse en ocasiones 20 veces al día, escuchar a religiosos de una tendencia y a otros más que sumaban unas 143 tendencias, las intrigas, las mentiras, las verdades a medias, las verdades exageradas. Es decir, hasta el momento, la Historia no se ha parado a preguntarse si una mujer como ella, Juana I de Castilla (o hasta hombre u homosexual), ¿no se hubiera vuelto loca con tal cantidad de sucesos semejantes a un océano en permanente tempestad?

Antes de la muerte de la llamada Juana La Loca (y que no nos mientan; así murió: loca y endemoniada; los datos aquí reunidos no pueden indicar lo contrario), la visitó, por segunda ocasión, san Francisco de Borja (que en aquel momento no era santo y que, en la primera visita, unos tres meses atrás, habló de “demonismo” en Juana) y lo hizo tan bien, que incluso se afirmó que la reina había recuperado la razón (¿¿¿usted lo cree, señor Pérez???), por haber encontrado —dice Francisco de Borja— «muy diferente sentido en las cosas de Dios del que hasta allí se había conocido en su Alteza». Ella, la pobre, falleció a los 76 años; si hubiera vivido hasta los 40, edad promedio en su época, quizá no hubiera enloquecido.

En este derrotero, decíamos, debemos representar a Agustín Cosme Damián de Iturbide y Arámburu como en el Rey que fue primero y no al equívoco Iturbide que regresó a México después para rescatar su título y su posición cuando para él los aires habían cambiado y se habían convertido en Vientos Huracanados, que es probable que sea lo que le haya sucedido a Morelos y Pavón con su paliacate, es decir que un Viento Huracanado se lo llevó y alguien lo recogió como cualquier paliacate. Por otro lado, y eso es lo que se ha omitido respecto de los peluqueros y de los mexicas de la época de la Independencia: que lo que deseaban para gobernar a México era un Rey mexicano. Su mentalidad estaba, como dicen los investigadores clandestinos, contextualizada en tales parámetros y, de pronto, les imponen a un “Presidente” de forma, por lo tanto, “descontextualizada”. Y que nos contradiga san Francisco de Borja, que está en los cielos y todo lo ve.

Por todo lo antes dicho, incluida lo de Juana La Loca e Iturbide, llamar a la conformación de un Gobierno Provisional de Pelones, Peluqueros y Soldados (de cabo para abajo), el próximo 2 de octubre es la línea más pertinente, cuidándonos de no “paradigmatizar” nuestras palabras ni nuestra presencia en campaña como lo hacen los candidatos de todos las asociaciones políticas de este territorio que todavía se llama República Mexicana, si es que los gabachos no dicen otra cosa antes del 2 de octubre.

¡Vivan los cortes de pelo bien elaborados!
¡Vivan los leones de Chapultepec!
¡Viva el paliacate de Morelos!

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada